Por: Norenid Feliciano Ramírez

Columna originalmente publicada en el periódico La Voz .

Nunca he estado del todo de acuerdo con las competencias de talento al estilo de American Idol , Objetivo Fama , o ahora el más reciente Latin American Idol ; todas imitaciones de Operación Triunfo de España y Pop Idol de Inglaterra. Siempre he pensado que someterse a ese proceso competitivo debe ser algo tortuoso y estresante para el que compite, además de que es un arma de doble filo. Claro, el que está desesperado por una oportunidad olvidará que todo en la vida tiene consecuencias, y se dejará llevar por el jugoso premio que le tocará si gana. No obstante, yo entiendo que antes de atreverse a competir la persona debe pensar en las consecuencias de no ganar. La consecuencia más escalofriante de todas es: pasar a la historia como aquel que perdió en Objetivo Fama, o aquella que cantaba muy bien pero no ganó. Me daría miedo que como artista no recordaran mi nombre, sin embargo, recordaran el resultado funesto en la competencia.

Con esto no pretendo indicar que todos los que han perdido en estas competencias han terminado olvidados y no han tenido éxito, no. Muchos han sido firmados por casas disqueras, porque estas han pensado que con los seguidores que el artista adquirió en el programa se podría desarrollar una fanaticada y apelar a ese mercado que se acaba de abrir. No obstante, de todos los participantes, los que alcanzan el éxito son muy pocos, ya que ocurre lo que creo es el aniquilador de la calidad por excelencia: las casas disqueras no le permiten al artista desarrollar un concepto musical propio, no lo dejan intervenir con la producción musical del disco, ni en menor grado.

Entonces, al someterse a ese proceso, aunque se gane o se pierda, mi perspectiva es que en términos generales se pierde. Eso no me lo diría Kelly Clarkson , que ahora es millonaría, y fue la primera ganadora de American Idol, pero sí me lo podrían decir otros que intentaron abrirse puertas en el mundo de la música y fracasaron.

Por otro lado, aparte de la consecuencia de no ganar, los criterios de evaluación y el proceso de selección en el desarrollo de la competencia como tal, me parecen totalmente arbitrarios. Para comenzar: no siempre sale adelante el más talentoso. Yo creo que todo, menos el talento verdadero, influye en el resultado final. Entonces de ser una competencia de talento se convierte en un certamen de belleza, en una campaña de relaciones públicas, incluso, puede salir adelante el que mejor escándalo monte dentro de la casa de la competencia, etc. Y así, el talento se desvanece, y se elige a un performer, no a un cantante o músico. No desprecio el talento y la habilidad que hay que tener para ser performer, sino que recalco que puede ser que estuviera compitiendo alguien que cantara y tocara múltples instrumentos, y que además fuera compositor, y fuese eliminado porque no era tan bonito o bonita como el otro.

Entonces, ¿vale la pena participar de este tipo de programa, que son el ejemplo más claro de lo que hace una empresa para explotar el talento de un artista para hacer dinero?, ¿vale la pena participar de este juego de las casas disqueras para convertir al artista en un objeto con un signo de dólar en la cara?. Yo creo que no. Para un artista que tiene como meta crear música de calidad y poder desarrollar su estilo con libertad, ponerse a competir en un concurso como este, no es la opción. Es mejor, tratar de ahorrar dinero, y hacer una producción independiente a arriesgarte a cargar con un estigma o a ser reclutado por una casa disquera para que después te atrofie la creatividad. La sed por tener exposición es determinante en estos tiempos, pero no podemos perder de vista que con las herramientas tecnológicas existentes, el público para el arte no los podemos ganar nosotros; American Idol y Objetivo Fama, por mencionar dos, se vuelven irrelevantes cuando se tiene talento verdadero y se tiene perseverancia. Artista no es el que le canta a las masas, es el que se sumerge en su arte y crea sonidos nuevos, no importa la fama que tenga.